El jabón como moneda

¿Que objeto consideras que para un “preso” regular, puede ser lo mas importante y necesario durante el pago de su condena? Entre muchas cosas que pueda querer, aparte de su libertad (obviamente) se encuentra una, que aunque pequeña es sumamente apreciada: el jabón.

Una vez realicé, junto con unos amigos de la iglesia y Anni (quien hoy día es mi esposa) una visita a la cárcel de San Juan de Los Morros. Entre las cosas que llevábamos a los presos y presas de allí, se encontraban: libros, jabones, fé, esperanza y la palabra de Dios.

Me tocó repartir jabones, estos eran panelas de jabón azul picadas por la mitad, metidas en una caja. El Sacerdote Mercedario que nos acompañaba, y con mucha mas experiencia que nosotros, me recomendó que no dejara que se me acercaran mucho, que los mantuviera lejos de la caja y que tratará de no darle mas de una pieza a cada uno de ellos.

Llegada la hora, luego de las charlas, comenzamos a regalar los libros y jabones a los presos que se encontraban sentados alrededor nuestro, sin barreras ni defensas entre nosotros, tan solo la custodia constante de la Guardia Nacional.

Al principio estaban sentados lo que hacía mas fácil la distribución. Sin embargo, en un instante todos se pararon, dificultando, ahora si, la labor.

En un momento de descuido, tenía a varios muy cerca. Me impresioné, y en el acto los jabones que me quedaban se me cayeron. Eran tres.

Uno lo tomó un preso y se lo quedó, ya que era lo que le correspondía. El otro, con ojos dominantes y sin quitármelos de encima, dispuesto a lo que fuera, tomó los otros  dos. Durante ese momento el silencio se apoderó de los que estaban cerca. Nadie, mucho menos yo, se encargó de reclamar el otro jabón. Esta persona metió la pieza en su bolsillo, alegre, como si de una cadana de oro se tratara.

Luego de terminar hablé con el Padre, y le pregunté: ¿Por que jabones? El me explicó que la cárcel no los proveía, y las familias eran tan pobres que muchas veces no podían comprarlos.

Los jabones luego los podían cambiar por comida, ropa, cigarros y quien sabe que mas cosas. Era como una moneda. Apreciaban, entre tanto calor y mal olor, la sensación de bañarse y oler agradablemente.

Hoy mientras me bañaba, me acorde de aquel preso que se la jugó, y me retó, al menos visualmente,  por media panela. En un lugar donde la esperanza no abunda. Pensé entonces sobre las cosas fútiles que, los que estamos fuera de las barras, deseamos en esta vida, cuando otros, con o sin culpa, se pueden hasta pelear por algo que ni notamos cuenta cuando tomamos un baño.

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Acerca de JeanD

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