Una de demonios

– Se que estas allí. No te tengo miedo, lo perdí hace mucho tiempo. Que es lo que quieres?
– Quiero hacer una apuesta.
– Que quieres apostar?
– Que puedo hacerte dejar felizmente a tu esposa, tu familia y todo lo que tienes. A cambio de una vida de aventura y cosas nuevas.

Pensando que Dios estaba de su lado y que no le permitiría perder en una apuesta así, el aceptó.

 

El demonio comenzó su rutina, todos los días le recordaba las cosas malas de su vida, las frustraciones y las penas, en especial las de su matrimonio. Las cosas que no había podido hacer o lograr supuestamente por haberse casado. Las cosas negativas que tenía su mujer.

Por medio de distintas vías el se le presentaba: Por medio de canciones en la radio, programas de televisión, amigos o amigas que se le acercaban y hablaban de cualquier cosa, sin saber que tenían al demonio al lado de ellos susurrándoles al oído lo que deberían decir.

Trataba de evitar hacerlo de frente. Sin embargo se cansó de no conseguir avance y envió a que un demonio aliado le ayudara.

Días después, llega al trabajo del hombre una compañera nueva. Muy linda.

Se la presentan y el queda impactado por la belleza, no exagerada pero si presente, de la muchacha nueva. La chica era muy simpática, inteligente, amable y siempre tenía una mirada distinta cuando hablaba con el.

El se daba cuenta, algo se revolvía en el estomago cuando la veía. Había pasado mucho tiempo que no sentía una respuesta corporal como esa.

Ella se insinuaba inocentemente, incluso sabiendo que el era casado y tenía familia. Al parecer no le importaba.

Las conversaciones eran frecuentes, por cualquier motivo.

Su respuesta, instintiva y corporal, fue cediendo con el tiempo. El sabía que la chica no hablaba por ella. Era otro el que le susurraba al oído, le decía que hacer, y ella caía.

El se recordaba de la apuesta, sabía las tácticas milenarias de los demonios. No habían cambiado mucho. Tentar con las cosas fáciles y hermosas.

Mas allá de que su matrimonio no era perfecto, se recordaba, además de la apuesta, de la promesa.

De la promesa que había hecho años atrás, de mantenerse unido a su esposa, pese cualquier circunstancia, problema, o victoria.

Cuando sentía flaquear, se acordaba de la promesa. Y eso ayudaba. También ayudaba el tener presente las cosas buenas que tenía su pareja, las buenas cualidades, su dulzura, dedicación y constancia.

Un día se acordó de su Ángel. Quien esperaba instrucciones para serle útil.

– Ángel que Dios envió para cuidarme y protegerme, necesito tu ayuda…

Y así fue. Le pidió que llevar sus oraciones a Dios. Primero por la chica, que estaba siendo utilizada por el demonio. Luego por el, para poder dejar pasar las tentaciones y no caer. Y luego, y mas importante, por su esposa, para que luego de falla en la tentación, el demonio no pudiera susurrar al oído de ella y hacerla caer o hacerla dudar de su marido.

Cubría así su estrategia.

– No creas que he terminado, no desistiré . El Dios a quien sirves no vale la pena, solo te da sufrimientos e imperfecciones. Yo te ofrezco placer y belleza.

– Lo sé, lo sabía antes de conocerte, y se que lo seguirás haciendo, y que tus colegas lo siguen y seguirán también haciendo con mis hermanos. Sin embargo ten en cuenta que contaré esta historia, para que ellos se den cuenta, y pidan ayuda a Dios y a los Ángeles, y oren, por su vida, su pareja y su familia. Y así ganaré esta apuesta.

El demonio, visiblemente molesto, se marchó.

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Acerca de JeanD

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  1. el amor no es un sentimiento es una decisión, y cuando amas a alguien te decides hacerla feliz y así reciprocamente recibirás amor y felicidad.

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